El hambre en el mundo: prioridad de la acción climática en la COP23

La seguridad alimentaria mundial solo puede lograrse coordinando las políticas centradas en el hambre, la pobreza y el cambio climático
COP23

Los líderes mundiales y expertos que han asistido a la última ronda de negociaciones sobre el clima en Bonn han recogio y suscrito las preocupaciones compartidas por el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, que afirmó en su intervención en un evento de alto nivel dedicado al hambre en la la COP23 que "El cambio climático es un enorme obstáculo para el ODS 2".

El evento, organizado por la FAO y sus socios, reunió a representantes clave de Gobiernos, el sector privado y la sociedad civil, que analizaron formas de combatir el cambio climático (ODS 13), el hambre (ODS 2) y la pobreza (ODS 1) de forma coordinada, entre otras cosas a través de una agricultura sostenible y prácticas que proporcionen múltiples beneficios.

La agricultura sostenible tiene un potencial enorme para responder al cambio climático. El evento generó infinidad de ideas para aprovechar ese potencial. Algunos de los enfoques incluidos en el documento final elaborado en el evento:

  • Apoyo a los mecanismos basados en la comunidad para la adaptación al cambio climático y la gestión del riesgo de desastres, a través Programa de acción mundial sobre seguridad alimentaria y nutrición en los pequeños Estados insulares en desarrollo.
  • Gestión sostenible de los bosques como parte de una gestión integrada de los paisajes.
  • Mejora de la inversión en sistemas alimentarios sostenibles, con un nivel bajo de emisiones de carbono y resilientes para acabar con la pobreza y el hambre.

En la reunión también se destacaron ideas prácticas para reducir las emisiones de la agricultura, así como el papel de la mejora de las prácticas en la reducción de la intensidad de las emisiones y el aumento de la productividad. En el caso del sector de la ganadería, la FAO calcula que las emisiones podrían reducirse fácilmente cerca de un 30 % adoptando las mejores prácticas.

Asimismo, hubo consenso en que la tierra debe gestionarse de forma que aumente el carbono del suelo, sobre todo en los pastizales, y que, en colaboración con las partes interesadas, es necesario crear protocolos rigurosos para evaluar y llevar un seguimiento de las reservas de carbono. Según algunas estimaciones, la rehabilitación de suelos agrícolas y degradados puede eliminar hasta 51.000 millones de toneladas de carbono de la atmósfera.