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Nuestra dieta y nuestro modelo alimentario tienen que cambiar

Un informe del IPCC publicado en agosto indica que la emisión de gases de efecto invernadero en la producción de alimentos debe reducirse

El Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático que asesora a la ONU (IPCC) ha publicado el informe especial El Cambio Climático y la Tierra que presta especial atención a la producción de alimentos y a la seguridad alimentaria. 

En su 43ª reunión, celebrada en abril de 2016, el IPCC decidió elaborar tres informes especiales. El año pasado publicó el informe especial sobre el calentamiento del planeta, en el que se analizó el calentamiento global con respecto a los niveles preindustriales y las trayectorias correspondientes que deberían seguir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI) en el contexto. A principios de agosto el  IPCC se reunió en Suiza para evaluar el problema el cambio climático, la desertificación, la degradación de la tierra, la gestión sostenible de la tierra, la seguridad alimentaria y los flujos de gases de efecto invernadero en ecosistemas terrestres (SRCCL) cuyas conclusiones han sido publicadas en este informe.

El aumento de la población global y los cambios de las dietas y del consumo en las últimas décadas ha significado un incremento en la producción que ha acelerado el uso intensivo de la tierra, el uso de fertilizantes y agua, lo que ha supuesto un aumento de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), pérdida de ecosistemas naturales y disminución de la biodiversidad. La producción de alimentos supone un tercio de las emisiones de GEI por lo que, para afrontar el cambio climático, es necesario transformar nuestro sistema alimentario, además de implementar otras acciones. 

El informe del IPCC afirma con base científica algo que diferentes activistas y organizaciones llevan años alertando: la transformación del sistema alimentario pasa, entre otras cosas, por cambiar nuestras dietas. El IPCC considera que las dietas basadas en alimentos de origen vegetal como cereales, legumbres, verduras, frutos secos y semillas tienen beneficios no solo para nuestra salud sino también para nuestro planeta. Pero no se trata de promover únicamente dietas vegetarianas o veganas, sino de lograr que las dietas sean sostenibles, promoviendo un consumo de productos de origen animal que sean producidos de forma sostenible, como la ganadería extensiva que tiene un menor impacto en nuestro planeta.

El desperdicio alimentario global es otro de los problemas que se analiza en este trabajo. En torno al 25%-30% de los alimentos que se producen acaban desperdiciados, siendo responsables de entre el 8-10% de la emisión de GEI. Si reducimos el desperdicio reducimos la necesidad de producir más.

En el informe se destaca que el cambio climático afecta a los cuatros pilares de la seguridad alimentaria: disponibilidad (rendimiento y producción), acceso (precios y capacidad para obtener alimentos), utilización (nutrición y preparación de alimentos) y estabilidad (alteraciones de la disponibilidad). La seguridad alimentaria ya está siendo afectada en algunas partes del mundo. El cambio climático hace que el rendimiento sea menor y  los precios de los alimentos suban impidiendo que las personas más vulnerables puedan alimentarse. Las previsiones del informe dicen que los precios podrían subir hasta un 29% para 2050. Los nutrientes de los alimentos también se verán afectados por el cambio climático. 

En el documento se señala que el cambio del modelo alimentario necesitará de un tiempo de adaptación, pero no actuar significará un impacto irreversible. 

Este trabajo ha sido elaborado por 107 científicos de 52 países de todas las regiones del mundo, de los cuales el 53% procede de países en desarrollo. Para el mismo han analizado 7.000 artículos y han recibido un total de 28.275 comentarios de revisores expertos y gobiernos. Este informe crea conocimiento científico sobre los problemas derivados del calentamiento global para que los responsables políticos tomen las decisiones necesarias de cara a lograr un planeta sostenible y saludable, pero la ciudadanía de los países ricos también podemos hacer mucho para luchar contra el cambio climático: cambiando nuestras dietas, consumiendo productos de temporada y proximidad, consumiendo de forma responsable y reduciendo nuestro desperdicio.